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Pánico y sus antídotos

El miedo es una reacción lógica ante una situación de peligro real. Es una forma de protegernos y de avisarnos que es necesario reaccionar y llevar a cabo una acción, huir o enfrentarse a una situación en concreto. Es nuestra brújula de supervivencia, y que nos permite que nos mantengamos a salvo.

El miedo por tanto es adaptativo y es importante identificarlo para poder tomar decisiones que nos faciliten nuestra vida.
El pánico es una emoción improductiva. No se corresponde con la realidad, es una magnificación de los hechos, y es una interpretación catastrófica de la realidad.

¿Cuáles son las principales razones que nos llevan a entrar en pánico?

Son múltiples, y en muchas ocasiones es la combinación de varios factores, pero voy a enumeraros las causas más frecuentes, y sus antídotos.

1. Fantasía de Control.

Tenemos la sensación de que controlamos todo lo que ocurre en nuestra vida, olvidándonos que formamos parte de sistemas, que no todo depende de nosotros, y que nuestra capacidad de acción es limitada. Cuando tomamos conciencia de que somos un elemento más del sistema, y que nuestra vida, en ocasiones, puede cambiar en minutos, días… podemos entrar en pánico.

El antídoto es “Aceptar lo que no podemos cambiar, y cambiar lo que está bajo nuestra capacidad de acción”. Enfadarse con aquello que no puede ser cambiado convierte la situación en algo más pesado y difícil de llevar. Se une mi falta de capacidad de acción, con el enfado, provocando una gran angustia. Si acepto lo que no está bajo mi control, esto permitirá ver aquello que si que puedo cambiar, y podré modificar lo que está en mi mano. Es una forma de volver a coger las riendas, a la vez que de soltar lo inevitable.

2. Metas por encima de nuestras posibilidades en el momento presente.

Cuando nos ponemos objetivos muy ambiciosos y que requieren muchas acciones para conseguirlos, caemos en el desbordamiento emocional. Tenemos la sensación de que nunca vamos a alcanzar lo que nos hemos propuesto, y que la tarea es demasiado para nosotros….

El antídoto es “Fraccionar el objetivo en pequeñas metas, con calendario de consecución, celebrando cuando consigo cada una de los pequeños objetivos”. En vez de centrarnos en un objetivo final, parcelarlo en diferentes objetivo, mesurables y vivir su consecución de forma festiva, como si hubiéramos alcanzado el objetivo final. El objetivo final se convierte en la suma de objetivos intermedios.

3. Anticipación/Catastrofismo.

Nuestra mente en ocasiones se puede convertir en un gran enemigo. Nos ponemos a divagar por nuestro futuro, y nos anticipamos a situaciones que no se han producido, y le damos un tinte negativo, pensamos que lo que va a ocurrir va a ser negativo, catastrófico. Esto nos lleva a que sólo veamos los aspectos negativos que confirman nuestra visión del futuro próximo, y dejemos de ver los brotes verdes, las partes positivas que están ocurriendo a nuestro alrededor, y que pueden modificar el escenario futuro. Las pasamos por alto y no la cuidamos y fomentamos, cerrándonos así a nuevas posibilidades.
Realmente es una fantasía de control en negativo. Nos ponemos siempre en el peor escenario, y con esa actitud, en cierto modo provocamos que dicho escenario se cumpla.

El antídoto “El futuro es incontrolable, no sabes lo que va a ocurrir, por lo que pensar en negativo te va a angustiar, el pasado, es una recreación, en función de la etapa de tu vida, lo recuerdas de una forma diferente. Lo único real es el PRESENTE. Sumérgete en tu PRESENTE, disfrútalo plenamente. El vivir el PRESENTE hace que no tengas miedo de tu futuro, porque eres consciente que vendrá, con o sin tus pensamientos, y lo único real es tu aquí y tu ahora.

4. MIEDO INDETERMINADO.

A veces tenemos la sensación de miedo, y no le encontramos ninguna explicación, y esto nos angustia. No siempre somos conscientes de todos nuestros procesos mentales, y a veces, tenemos emociones a las que no le podemos dar un significado, y nos angustia el estar “mal” sin saber la razón.

El antídoto “Técnicas de relajación, y respiración consciente. Cambiando nuestra fisiología cambiaremos nuestro estado de ánimo. La relajación es la llave para bajar nuestros niveles de activación física, y nos permite entrar en estados emocionales serenos y productivos.

Existen muchas causas para la angustia y el pánico, pero la mejor forma de combatirlos es viviendo el momento presente, y centrándonos en lo positivo que tiene nuestra vida, y minimizando el peso que le damos a lo que nosotros consideramos negativo.

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Inma MArtínez

Inma MArtínez

Experta en coaching, comunicación y programación neurolingüística.

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